La historia de Santo Olivo comienza mucho antes de que apareciera su nombre. Sus raíces están en una familia de Hermosillo que, durante más de cuatro décadas, hizo de la cocina, el trabajo y el servicio una forma de vida.
1979: raspados y hamburguesas en la colonia Pitic
En 1979, la familia Puigferrat Trelles abrió un pequeño negocio de raspados y hamburguesas en la colonia Pitic. Arturo tenía apenas nueve años. Al salir del Colegio Regis, caminaba hasta el negocio y, junto con sus hermanos, llevaba los pedidos a las mesas, atendía a los clientes y ganaba sus primeras propinas. Ahí comenzó su aprendizaje: entender que servir bien exige atención, esfuerzo y constancia.
La gran escuela: María Cecilia Trelles
La gran escuela fue su madre, María Cecilia Trelles, cuya extraordinaria sazón estuvo acompañada siempre por una profunda vocación de servicio. Con la influencia culinaria de su abuela, Arturo creció entre preparaciones para reuniones, canapés, volovanes y eventos familiares que poco a poco se convirtieron en una actividad empresarial.
Después llegaron las cafeterías del aeropuerto y de la Casa de la Cultura, Súper Cocina María Cecilia en la colonia Centenario, los servicios de alimentación en Casa de Gobierno y los comedores industriales. Cada etapa amplió la experiencia de la familia y dejó una enseñanza: detrás de una buena comida hay personas, organización y un compromiso con quien la recibe.
Mediterráneos y una carrera en la empresa
En 1999, esa trayectoria dio paso a Mediterráneos, el primer restaurante formal de la familia. Mientras el negocio familiar crecía, Arturo construyó su propia carrera en administración y dirección comercial dentro de empresas como Kellogg’s, Jumex, Sony y Spring Air. Esa experiencia sumó herramientas de liderazgo, negociación y gestión a los conocimientos que había adquirido desde niño.
Al regresar a Hermosillo, se involucró durante seis meses en la operación de Mediterráneos para conocer a fondo el funcionamiento de un restaurante. En 2011 abrió Bermejo junto con dos socios. Fue una etapa de creatividad y aprendizaje que le permitió definir con mayor claridad el negocio que quería construir.
De La Piola a Santo Olivo
La oportunidad decisiva llegó en 2016, cuando adquirió La Piola. Antes de transformarla, la operó durante tres o cuatro meses para comprender qué había provocado su éxito inicial y qué había llevado después a su deterioro. Con ese conocimiento, decidió cerrar durante aproximadamente ocho meses y desarrollar un concepto propio.
Así nació Santo Olivo, que abrió sus puertas el 19 de junio de 2017.
Una cocina italosonorense
Su propuesta reunió la cocina italiana con los ingredientes, sabores y costumbres de Sonora. Pizzas, pastas y preparaciones regionales encontraron un lenguaje común: una cocina italosonorense, cercana al gusto del comensal mexicano y respaldada por una historia familiar de hospitalidad.
Que el cliente coma, disfrute y regrese.
La filosofía que sostiene al restaurante se expresa con sencillez: que el cliente coma, disfrute y regrese. Cumplirla requiere buena comida, atención cálida y un equipo que entienda que cada tarea influye en la experiencia del cliente.
El siguiente capítulo
Hoy, el desarrollo de Santo Olivo Express y de nuevos modelos de expansión abre otro capítulo. El propósito es llevar esa cocina y esa forma de servir a más personas, con procesos que permitan crecer y conservar su identidad.
Santo Olivo reúne la herencia culinaria de una familia, la experiencia empresarial de su fundador y los aprendizajes de muchos años de operación. Su origen está en algo concreto: un niño llevando raspados a una mesa, una madre enseñando a servir y una familia construyendo su camino alrededor de la comida.




